La señal
En el corazón comercial de Kampala, sobre la calle Nabugabo y las verandas del centro, la Autoridad de la Capital (KCCA), dirigida por Sharifah Buzeki, ejecutó el desalojo de los vendedores callejeros y les ofreció a cambio puestos en mercados de reubicación: Usafi, Owino, Busega, Wandegeya. La respuesta desarmó el guion. Usafi tenía mil puestos gratuitos vacíos; en los primeros días del operativo poco más de doscientos vendedores se registraron, y un día después algo más de cuatrocientos. El mercado venía funcionando a poco más de la mitad de su capacidad mucho antes del desalojo — 1.600 registrados contra espacio para 3.000. El resto no fue al puesto gratuito y empezó a organizarse, con Ssemanda Brian entre las voces visibles, para reocupar Nabugabo. La prensa local lo llamó "cumplimiento reticente": obedecen la orden de irse, pero no aceptan el destino que les asignan. Un espacio ofrecido sin costo aparente que la mayoría prefiere no tomar es, en sí mismo, la anomalía que hay que leer.
El contexto
Las cifras del desalojo varían según la fuente, y esa variación ya cuenta algo. Se habla de 2.320 puestos disponibles en algunos reportes, de 2.520 espacios vacíos en los 17 mercados públicos de KCCA más otros 1.980 en 69 mercados privados en otros, lo que sumaría alrededor de 4.500 espacios en total. La discrepancia no es un detalle contable: mide la distancia entre el mapa oficial y el territorio real. Sobre ese fondo apareció una fractura que rara vez se ve tan nítida. KACITA, la asociación de comerciantes formales de Uganda, respaldó el desalojo. Los que pagan renta, impuestos y arriendo de local aplaudieron la salida de quienes venden sobre la acera frente a sus vitrinas. Informales contra formales, no vendedores contra Estado: la línea de conflicto se corrió hacia adentro del propio comercio. Y desde el Parlamento, varios legisladores cuestionaron el operativo, no por defender la acera, sino por señalar que se desaloja hacia mercados que no están en condiciones de recibir a nadie. Algunos observadores anotaron además el timing político de la medida.
La lectura
Que unos cuatro mil quinientos puestos gratuitos estén vacíos, y que haya hecho falta un desalojo para meter a unos cientos de personas en mil de ellos, dice que el puesto no es gratuito. El costo no está en la etiqueta, está en la ubicación. Usafi, Owino o Wandegeya pueden tener techo y piso, pero no tienen el flujo de gente que hace viable vender comida: la clientela camina por Nabugabo, no por el mercado de reubicación. Mudarse al puesto asignado equivale a conservar la mercancía y perder al comprador. El vendedor callejero no vende un producto, vende una posición sobre un río de peatones, y esa posición no se traslada por decreto. La KCCA ofreció el continente y se quedó con el contenido; los vendedores calcularon que un techo sin tránsito vale menos que una acera con multitud, y votaron con los pies volviendo a Nabugabo. El respaldo de KACITA completa el cuadro: la formalización no reordena el espacio, redistribuye la clientela hacia quienes ya pagan por estar dentro.
El patrón
Kampala confirma la tesis del batch desde su ángulo más crudo: el permiso es el desalojo. Aquí ni siquiera hizo falta cobrar una tarifa para expulsar; bastó reasignar el lugar. El Estado dice ofrecer una alternativa, y la alternativa está diseñada, por acción o por omisión, para no funcionar como negocio. La fractura entre formales e informales muestra quién se beneficia del reordenamiento: no el que cocina en la calle, sino el que ya tenía local y ve retirarse a su competencia de la acera. Cuando los MPs advierten que se desaloja hacia mercados inadecuados, están nombrando el mecanismo sin decirlo: la reubicación no es un destino, es una forma de salida. Y cuando mil puestos gratuitos esperan vacíos mientras los desalojados se organizan para volver a la calle, el territorio devuelve su veredicto. El peaje ugandés no se paga en chelines, se paga en distancia al comprador, y esa moneda casi nadie está dispuesto a entregarla.
Cada enlace sostiene una afirmación con cifra de esta pieza. Abrir para comprobar.
- KCCA, 17-feb-2026 — “2,520 vacant spaces in its 17 public markets” y “at least 1,980 additional spaces in 69 private markets”; “Usafi Market alone has capacity for 3,000 vendors but only 1,600 are currently registered”; Moses Musimire: “these particular spaces are free. KCCA does not charge for them” (fuente primaria) TIER A
- Monitor, 20-feb-2026 — la administradora del mercado, Hadija Nante: Usafi tiene 1.000 puestos disponibles y más de 200 vendedores se habían registrado TIER B
- Monitor, 21-feb-2026 — un día después, más de 400 registrados de esos mismos 1.000 espacios; “the market stalls are all for free” TIER B